A que tú me tiras a mí las cajas…

Son las 8.30 de la noche, hora en la que aun suele haber bastante movimiento en la gran ciudad. Pero hoy las calles están vacías. Llevo unos documentos, una entrega rápida de ida por vuelta.

Paro en un semáforo. Una pareja a la que se le notan las cervezas del jueves ríe de forma estruendosa, el intenta hacer equilibrio en su cabeza con la botella que lleva. Ella le dice que deje la pendejada, que se le va a caer. Y, cómo no, se le cae.

Sigo mi camino. En una esquina otro carro me adelanta a toda velocidad. Gira sin poner luces de aviso y el artista que va feliz de la libertad en su monociclo cae estrepitosamente sobre la cicloruta. El del carro, cómo no, sigue su camino a toda velocidad y al fondo se oye una voz que grita “Levántate que nadie te vio”.

Entrego los documentos que me sacaron de casa. Voy de vuelta por la Avenida Caracas, paso por la famosa “Playa” de Chapinero  en donde día si y noche también se encuentran los más variopintos cantantes y músicos a la espera de “un toque”.

Me pongo creativo, y paro, ¿porqué no?, a escucharles el cuento al par que diviso en la esquina por donde debo girar, el del acordeón mueve su instrumento con destreza y el cantante canta Hay un dicho popular que es una realidad, dice que para estar guindando mejor es caer…” 

Le doy las gracias y sigo. No estoy hoy para parrandas del ayer. El playlist del radio del carro me salva la noche, sale el Joe y me dice:

A que tú me tiras a mí las cajas y yo te tiro los cajones 
A que tú me tiras a mi las cajas yo te tiro los cajones 

cajas

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